Cuando la arquitectura se enseña con las manos: taller de técnicas constructivas tradicionales con la Universidad de los Andes
En un taller práctico de dos días, celebrado el 25 y 26 de mayo, el arquitecto Orlando Flórez Cuervo abrió las puertas de sus obras en Villa de Leyva a un grupo de estudiantes de la Universidad de los Andes, acompañados por el profesor Andrés Pinzón. El resultado fue una experiencia poco común en la formación arquitectónica actual: aprender un oficio no desde la teoría, sino desde el barro, la piedra y el gesto de la mano.
Un oficio que se transmite, no se enseña solo en el aula
Villa de Leyva conserva una manera de construir que combina memoria colonial, materiales de la región y un profundo respeto por el paisaje. Es precisamente esa tradición la que Orlando Flórez Cuervo ha convertido en el sello de su trabajo como arquitecto, y la que quiso compartir con una nueva generación de profesionales.
Durante los dos días de taller, los estudiantes recorrieron obras en construcción y conocieron, paso a paso, el proceso detrás de cada muro y cada detalle: cómo se prensa el adobe a mano, cómo se labra la piedra hasta darle la forma exacta que exige cada pieza, y cómo se elaboran los flejes que refuerzan y sostienen las estructuras. No fue una demostración desde la distancia: guiados por el maestro de obra y por el propio arquitecto, los estudiantes tomaron las herramientas y trabajaron la piedra con sus propias manos.
Lo que representa esta alianza práctica
Para Orlando Flórez Cuervo, este taller es una forma de darle continuidad a un conocimiento que se ha construido a lo largo de toda su trayectoria: el de las técnicas artesanales que hoy son cada vez más difíciles de encontrar, y que representan una alternativa real frente a los métodos constructivos industrializados. Abrir sus obras a la academia es también una manera de dejar huella más allá de cada proyecto individual, aportando a la formación de quienes en el futuro tomarán decisiones sobre cómo se construye en Colombia.
Para la Universidad de los Andes y sus estudiantes, la experiencia significó un contacto directo con un saber que rara vez se enseña en el salón de clase: el de los oficios tradicionales de la construcción, transmitidos de generación en generación por maestros de obra y por el arquitecto Flórez que ha dedicado su carrera a preservarlos. Ver el proceso completo —desde el material en bruto hasta el muro terminado— les dio una comprensión del oficio que complementa y nutre las clases teóricas que ofrece la universidad.
Iniciativas como esta reafirman que la arquitectura en Villa de Leyva no solo se diseña: se construye a mano, se enseña con paciencia, y se transmite de una generación a otra.
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